Sobre Nosotros
SOBRE NOSOTROS — DON AURELIO
El hombre detrás del taller
Me llamo Aurelio Mendoza. Nací en Guanajuato en 1953, el cuarto de siete hermanos, en una familia donde nadie tenía mucho pero todos sabían trabajar con las manos.
Mi padre reparaba zapatos. Mi tío cosía bolsos para una fábrica del centro. Yo aprendí mirando, sin que nadie me enseñara formalmente — absorbí el oficio como se absorbe el olor a cuero: sin darte cuenta, hasta que ya es parte de vos.
1977. El comienzo.
Tenía 24 años y $800 pesos prestados cuando abrí el taller. Una bodeguita de 20 metros cuadrados, un banco de madera, dos agujas gruesas y las ganas de demostrarme que podía.
El primer bolso que terminé lo vendí en el mercado. La señora que me lo compró regateó el precio. Se lo di igual. No importaba el dinero — importaba que alguien iba a cargar algo que yo había hecho con mis manos.
Eso no cambia. Después de 47 años, sigue sin cambiar.
La familia que creció adentro del taller
Mis tres hijos aprendieron a caminar entre pieles y retazos de cuero. El olor a curtido es lo primero que recuerdan de su infancia, me lo dijeron cuando fueron grandes.
En los mejores años llegamos a tener cinco personas trabajando. Vendíamos a tiendas de varios estados. Había temporadas en que no dábamos abasto.
Pero la vida tiene sus propios planes. Mis hijos crecieron, estudiaron, se fueron a otras ciudades. Y mis manos, que cosieron miles de bolsos durante décadas, ya no tienen la misma firmeza que tenían.
Por qué cerramos
No cerramos por quiebra. No cerramos por deudas. Cerramos porque el oficio artesanal no se delega — o lo hacés vos, con tus manos y tu criterio, o no es lo mismo.
Y yo ya no puedo hacerlo como antes.
Tomamos la decisión en familia, con calma. Sin drama. Decidimos que si el taller cerraba, que cerrara bien — con dignidad, con un último lote hecho con más cuidado que nunca, sabiendo que cada pieza sería la última.
Este lote
Los bolsos que ves en esta tienda son los últimos que fabricamos juntos. Elegimos cada pieza de cuero con más tiempo del habitual. Cosimos más despacio. Revisamos cada costura dos veces.
No son los bolsos más baratos del mercado. Son los últimos bolsos de un taller que existió 47 años y que nunca fabricó nada que no valiera la pena.
La oferta que ves — dos bolsos al precio de uno — no es una estrategia. Es mi manera de cerrar. Quiero que estas piezas lleguen a manos de alguien que las cuide, no que queden en una bodega.
Gracias
Si llegaste hasta acá y leíste todo esto, ya sos parte de algo. Gracias por tomarte el tiempo.
Cuidá bien tu bolso. Está hecho para durar más que cualquier temporada, cualquier tendencia y cualquier algoritmo.
— Aurelio Mendoza, Guanajuato. Marzo 2025.